Los astrónomos acaban de obtener las primeras pruebas observacionales de una explosión de supernova desencadenada por el choque de una estrella de neutrones o un agujero negro contra el núcleo de una estrella vecina. Hasta ahora dicho proceso solo había sido modelizado de forma teórica. Sin embargo, gracias a los datos obtenidos por el sondeo VLASS, en Nuevo México, un equipo dirigido por Dillon Dong, del Instituto de Tecnología de California, ha presentado la primera confirmación empírica del fenómeno. Los detalles del evento, acontecido en una galaxia enana situada a 480 millones de años luz, se publican en Ciencias.

VLASS, que comenzó sus observaciones en 2017, registró una fuente de radio muy intensa que los investigadores bautizaron como VT 1210+4956. Dicha fuente no había aparecido en sondeos previos, lo que indicaba que debía tratarse de un evento transitorio. Al buscar en datos de archivo, los autores comprobaron que, en 2014, uno de los instrumentos a bordo de la Estación Espacial Internacional había observado una emisión de rayos X en ese mismo lugar del firmamento. Dicha emisión presentaba una exótica combinación de rayos X blandos, muy intensos y de corta duración.

Al relacionar ambas observaciones, Dong y sus colaboradores lograron reconstruir con gran detalle un cataclismo cósmico que acabaría provocando la muerte de un sistema estelar binario. Según esta reconstrucción, en un principio dicho sistema habría estado formado por dos estrellas mucho más masivas que el Sol. En cierto momento, la más masiva de ellas agotó su combustible y explotó como supernova. Ello dejó como remanente una estrella de neutrones o un agujero negro.

Con el tiempo, el objeto compacto comenzó a orbitar cada vez más cerca de la estrella superviviente hasta que penetró en su atmósfera. Aquel proceso arrancó capas de gas de la estrella, las cuales salieron despedidas hacia el exterior y formaron un anillo alrededor de la pareja.

Por último, el agujero negro o la estrella de neutrones alcanzó el núcleo de la estrella compañera. Ello puso frenó los procesos de fusión nuclear, los cuales se encargan de generar la energía necesaria para que una estrella no se derrumbe sobre sí misma por efecto de su propia gravedad. Así pues, la interrupción de la fusión nuclear provocó el colapso del núcleo e hizo que, al igual que su acompañante, la segunda estrella también estallase en forma de supernova.

Antes de la explosión, la interacción entre el objeto compacto y el núcleo estelar formó un disco de materia que rodeó al primero y produjo la expulsión de un chorro de material a velocidades próximas a la de la luz. Los autores creen que aquel chorro fue lo que generó los rayos X detectados en 2014. La emisión de radio, en cambio, tuvo lugar cuando el material expelido por la supernova chocó con el denso anillo de gas que se había formado previamente alrededor del sistema.

De esta manera, el objeto compacto adelantó un acontecimiento que se hubiera producido de todas formas: «La estrella compañera también habría acabado explotando en algún momento, pero la colisión aceleró el proceso», ha explicado Dong.

Daniel Lingenhöhl

Refrencia: «Una fuente de radio transitoria consistente con una supernova de colapso del núcleo provocada por una fusión»; Dillon Dong et al. en Ciencias, vol. 373, págs. 1125-1129, 3 de septiembre de 2021.



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