Pasar meses o años en el espacio tiene sus consecuencias: los músculos se atrofian, la radiación daña las células y parece que la ingravidez afecta al cerebro. Así pues, las perspectivas para un largo viaje a Marte no son muy halagüeñas. Pero un equipo de investigadores liderado por Mikhail Dobynde, del Instituto de Ciencia y Tecnología de Skolkovo, y Yuri Shprits, del Centro Alemán de Investigación de Geociencias de Potsdam, ha investigado como minimizar los riesgos de la radiación, uno de los factores más problemáticos. El estudio se publicó a principios de agosto en la revista Clima espacial.

Un vuelo a Marte dura unos nueve meses, así que ir y volver supondría un año y medio. Si contamos con una estancia de investigación de varios meses en nuestro planeta vecino, la duración de la misión aún quedaría por debajo del límite de tiempo que los autores han calculado para un viaje relativamente seguro: el riesgo de sufrir daños debidos a la radiación solo aumentaría considerablemente si la expedición se extendiese más de cuatro años.

Pero hay que tener en cuenta otros dos aspectos: en primer lugar, es indispensable que la nave espacial cuente con un buen blindaje para proteger a la tripulación de las partículas cargadas que emite el Sol y de los rayos cósmicos de alta energía. Y elegir bien la fecha en que se realiza el viaje también contribuye a reducir los riesgos para la salud. Resulta que el mejor momento para iniciar la misión es cuando el Sol alcanza su pico de actividad: durante el máximo solar. Es entonces cuando el fuerte viento solar desviaría de manera más eficaz las partículas procedentes de fuera de la galaxia, que son las más peligrosas.

Por lo tanto, las naves espaciales necesitan una buena protección contra la radiación. Sin embargo, ese escudo tampoco debería ser demasiado grueso, a fin de evitar la radiación secundaria que producirían los rayos cósmicos al interaccionar con los materiales del blindaje, la cual podría alcanzar el interior de la nave.

Los autores concluyen que el blindaje óptimo sería una capa de aluminio con una densidad superficial de 30 g/cm2: ese valor es el que permitiría que los astronautas viajaran durante unos 4 años con una exposición a la radiación inferior a 1 sievert, el límite que establecen las principales agencias espaciales. Paradójicamente, aumentar el espesor del blindaje incrementaría la dosis recibida por los viajeros espaciales.

Daniel Lingenhöhl

Referencia: «Derrotando 1 sievert: protección óptima contra la radiación de los astronautas en una misión a Marte, Mikhail I. Dobynde y col. uno Clima espacial, Arte. e2021SW002749, 7 de agosto de 2021.



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