El monstruoso tornado que destruyó la ciudad de Mayfield, en Kentucky, durante la devastadora oleada que azotó este mes el Medio Oeste y el sureste de EE.UU. podría haber atravesado cuatro estados sin despegarse del suelo.

La oficina del Servicio Meteorológico Nacional de EE.UU. situada en Paducah, Kentucky, confirmó que el «tornado de los cuatro estados» había seguido una trayectoria continua de 200 kilómetros a través de la región que tiene a su cargo, la cual comprende el sureste de Misuri, el oeste de Kentucky, el sur de Illinois y el extremo sur de Indiana.

Las oficinas meteorológicas de las regiones limítrofes estudian ahora si el tornado habría llegado a recorrer un total de 400 kilómetros a través de Arkansas, Misuri, Tennessee y Kentucky. De ser así, habría batido el récord establecido el 18 de marzo de 1925 por un tornado que arrasó tres estados (Misuri, Illinois e Indiana) a lo largo de 350 kilómetros.

Desde el momento en que tocó tierra hasta que se disipó, el tornado podría haber pasado sobre el terreno unas asombrosas cuatro horas. Según John Allen, meteorólogo y climatólogo de la Universidad Central de Míchigan, la mayoría de los tornados no perduran más de 10 o 20 minutos.

La extraordinaria duración del tornado de diciembre respondió a la confluencia de una serie de factores clave. Para que se produzca un tornado de tales dimensiones deben darse, en primer lugar, las condiciones atmosféricas necesarias para generar tormentas asociadas a superceldas, que son las de mayor intensidad.

Las temperaturas, más propias de abril que de diciembre —con máximas de unos 27 grados Celsius— también desempeñaron un papel fundamental, señala Victor Gensini, científico atmosférico de la Universidad del Norte de Illinois. Allen se muestra de acuerdo: «Se trataba de una masa de aire muy cálida y húmeda», explica, «por lo que reunía las condiciones idóneas para la formación de tormentas fuertes y severas».

La generación de tormentas asociadas a superceldas también requiere la presencia de cizalladura del viento, es decir, que existan vientos atmosféricos soplando en distintas direcciones y a diferentes alturas. La cizalladura durante el evento de diciembre fue elevada, lo que en parte se habría debido al fenómeno de La Niña. Los patrones atmosféricos presentes durante La Niña modifican la corriente en chorro sobre América del Norte y causan tormentas típicas de las estaciones frías en el sureste, apunta Gensini.

Tales factores dan lugar a «mesociclones», motores de aire ascendente y giratorio que impulsan la formación de superceldas. No todos los mesociclones se convierten en tornados, señala Alexandra Anderson-Frey, científica atmosférica de la Universidad de Washington. Pero la gran mayoría de los tornados destructivos comienzan como mesociclones.

En esas tormentas capaces de generar tornados, los mesociclones van extendiéndose hacia el suelo y estrechándose. Según Anderson-Frey, la principal teoría es que esto ocurre porque la tormenta libera una corriente descendente de aire enfriado por las precipitaciones, el cual ejerce una fuerza que atrae el vórtice hacia el suelo. A medida que la nube en forma de embudo se estrecha, su giro se vuelve cada vez más rápido, igual que ocurre cuando un patinador que da vueltas acerca los brazos al cuerpo.

La fuerza y la estructura de la tormenta de diciembre permitieron que persistiera durante horas. También ayudó la ausencia de otros sistemas tormentosos en las proximidades, explica Anderson-Frey. Y es que las tormentas pueden debilitarse entre sí cuando interactúan, apunta la experta. Por ejemplo, la corriente de aire frío que desciende en una tormenta puede adentrarse en los dominios de otra y robarle el aire cálido ascendente que impulsa su formación. Tal competencia entre tormentas no se produjo durante el tornado de los cuatro estados.

«Parece que esas condiciones favorables y la falta de interferencia con otras tormentas se mantuvieron durante mucho tiempo», concluye Anderson-Frey. Eso permitió que se produjeran las condiciones necesarias para sustentar un tornado de larga duración. (En la supercelda se formaron múltiples tornados, pero los meteorólogos todavía tratan de determinar el número y la duración de cada uno.)

La velocidad también influyó en la extensión recorrida por el tornado. La supercelda que lo originó avanzó a unos 89 kilómetros por hora debido a un «valor extremo de la cizalladura vertical del viento», especifica Gensini. La mayoría de las tormentas viajan a una velocidad mucho más moderada de entre 13 y 16 kilómetros por hora, lo que limita su alcance. Los tornados de largo recorrido son particularmente destructivos porque tienen más oportunidades de impactar contra los edificios que los tornados de menor duración.

La cifra de fallecidos en Kentucky y los estados circundantes (que actualmente asciende a 88) habría sido aún mayor si la población no hubiera estado atenta a las alertas tempranas. «Si nos remontamos a 1925, el evento de aquel año quitó la vida a 695 personas», repara Gensini. «No estamos ni siquiera cerca de ese número de víctimas, y creo que eso dice mucho de nuestra capacidad para alertar, pronosticar y predecir este tipo de eventos.»

Stephanie Pappas



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