El 29 de diciembre de 2018 se formaron en el sur del Pacífico Occidental cumulonimbos, inmensas nubes de tormenta que con su gran desarrollo vertical ascienden hasta grandes alturas. Batirían un récord, el de las nubes más frías jamás medidas: en un punto alcanzaron los -111,2 grados, unos 30 grados menos de lo habitual en un cumulonimbo. Lo describen ahora Simon Richard Proud, del Centro Nacional de Observación de la Tierra, en Oxford, y Scott Bachmeier, de la Universidad de Wisconsin. El nuevo récord lo ha conseguido un tipo inesperado de nube, escriben en su artículo de Cartas de investigación geofísica. De ordinario, las temperaturas sumamente frías se dan en la parte superior de los ciclones tropicales; en este caso, ha sido en cumulonimbos. Que llegasen a ese récord se debió, piensan estos investigadores, casi a una casualidad: la capa atmosférica donde se internaron estaba bastante más fría de lo habitual.

Los especialistas se interesan por esta forma de récord de temperatura porque una parte superior muy fría de las nubes es señal de que se avecina una tormenta que puede ser muy intensa y peligrosa. De ahí que la temperatura influya en la evalución de tormentas por los modelos.

Las temperaturas más bajas en las nubes se dan en protuberancias que se adentran en la estratosfera. Las grandes nubes de tormenta se forman convectivamente: el vapor del aire húmedo y caliente de la atmósfera inferior se condensa a medida que el aire se va expandiendo, pierde densidad y asciende a través de aire más frío; el calor que ello libera hace que el aire ascendente no se enfríe tanto como el aire circundante, y así sigue ascendiendo. Lo normal es que el aire suba solo hasta un nivel de equilibrio en la tropopausa, la capa de aire en el borde superior de la troposfera. Pero si la tormenta contiene demasiado calor y demasiada humedad, y por lo tanto demasiada energía, las masas de aire ascienden hasta una altura especialmente grande, hasta la estratosfera inferior. Y cuanto más arriba llegue, mayor será el frío: la temperatura baja unos siete grados por kilómetro.

La temperatura, medida por satélites, de las «protuberancias en forma de domo», que sobrepasan la superficie superior de la característica forma de yunque que adoptan los cumulonimbos en su fase más tormentosa, sirve para determinar la intensidad de la tormenta y, por lo tanto, indirectamente, hasta qué punto es peligrosa. En su trabajo, Proud y Bachmeier señalan que en los últimos años se han acumulado las medidas más bajas de temperaturas, en comparación con mediciones anteriores.

Esto vale también para el caso de que se habla aquí, pero con una salvedad: hay que tener en cuenta la contribución al récord de la inusualmente fría tropopausa. El tifón Kammuri, de 2019, fue mucho más intenso, pero con -109,4 grados solo quedó en segunda posición porque la tropopausa estaba demasiado caliente.

Los autores analizan el grado de fiabilidad de mediciones así. Temperaturas tan bajas caen en el extremo del intervalo de valores de los instrumentos de los satélites, que las miden basándose en la radiación infrarroja de las nubes que «falta». Con valores tan bajos, el ruido y otras fuentes de error desempeñan un papel destacado. La medición está calibrada por comparación con un cuerpo negro de referencia a bordo del satélite, cuerpo más de cien grados más caliente que la nube del récord, y con el espacio profundo. La incertidumbre sería, por su lado más caliente, de alrededor de 2,7 K: parece, pues, escriben Proud y Bachmeier, que incluso en el valor más alto del intervalo aquellas nubes de 2018 estaban más frías que las medidas anteriormente y que el tifón Kammuri.

Lars Fischer

Referencia: «Temperaturas récord de nubes bajas asociadas con un evento convectivo tropical profundo», Por Simon Richard Proud y Scott Bachmeier, en Cartas de investigación geofísica, 22 de marzo de 2021.



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