La Tierra se bambolea de varias formas. Su eje de rotación cambiaría de dirección con respecto a las estrellas aunque atravesase la superficie del planeta siempre por los mismos puntos. Pero también se mueve con respecto a la propia corteza de la Tierra. Este segundo tipo de movimiento consta de varios componentes. Uno de ellos es un desplazamiento del polo norte hacia el oeste de unos centímetros al año. También en este fenómeno planetario, la deriva polar secular (no se debe confundirla con la deriva de los polos magnéticos), han dejado los seres humanos su impronta: el cambio climático sería la causa de que se haya ido produciendo desde los años noventa en una dirección diferente; hasta mediados de la década de 1990 la dirección del movimiento era por un meridiano más al oeste que el de ahora. Lo explican Shanshan Deng, de la Academia China de Ciencias, y sus colaboradores en Cartas de investigación geofísica. Este grupo ha estudiado con un modelo matemático la deriva polar. El modelo da a entender que la fusión de los glaciares, especialmente en Groenlandia, es el factor que más ha contribuido a que haya sucedido esto.

La posición exacta del eje de la Tierra depende de la distribución de las masas sólidas, líquidas y gaseosas en movimiento del planeta. La forma irregular de este y diferentes fenómenos geofísicos imparten al eje un movimiento complejo. Algunos de sus componentes son periódicos (por ejemplo, el llamado bamboleo de Chandler tiene un período de año y pico). En ellos intervienen sobre todo, como escriben Deng y sus colaboradores, los vientos, las corrientes marinas, los cambios de la presión atmosférica y del fondo de los océanos. Y hay un componente no periódico, la lenta deriva polar. Las causas principales de este componente son algunos movimientos a largo plazo de grandes masas terrestres sólidas: las corrientes en el manto de la Tierra y la lenta elevación de la tierra tras el retroceso de las capas de hielo continentales.

Pero estos factores no cambian tan deprisa como para que expliquen el cambio reciente de dirección de la deriva. Hace ya un tiempo que los investigadores sospechan que el factor que falta es la fusión de las masas terrestres de hielo. Deng y sus colaboradores han eliminado en sus modelos las contribuciones de la elevación de las tierras, de los océanos y de la atmósfera, y han visto que el cambio de dirección de la deriva no se debía a esos factores. Y han considerado entonces dos situaciones. En una de ellas, el modelo incluía una fusión de los glaciares desde 1981 a un ritmo igual al de este siglo; en la otra, se tenía en cuenta la aceleración realmente observada de ese ritmo a lo largo de los últimos decenios. Era este segundo supuesto el que creaba a mediados de la década de 1990 una componente de deriva hacia el este a la que se debe el cambio observado de dirección de la deriva real. Así han mostrado que el cambio climático influye en la pequeña excursión de los polos por la superficie del planeta.

Lars Fischer

Referencia: «Deriva polar en la década de 1990 explicada por cambios en el almacenamiento de agua terrestre», De S. Deng, S. Liu, X. Mo, L. Jiang y P. Bauer-Gottwein, en Cartas de investigación geofísica, 22 de marzo de 2021.



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