Una señal de radio detectada en 2019 por un telescopio australiano y que parecía provenir de la estrella más cercana al Sol no está relacionada con extraterrestres, según De artículos recientemente publicados en Astronomía de la naturaleza.

«Se trata de una interferencia de radio de origen humano, procedente de algún dispositivo tecnológico probablemente ubicado en la superficie de la Tierra», aclara Sofia Sheikh, astrónoma de la Universidad de California en Berkeley y coautora de ambos trabajos.

La perturbación fue identificada en el marco de Breakthrough Listen, un ambicioso proyecto privado de 100 millones de dólares centrado en la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI, por sus siglas en inglés). Y era lo bastante intrigante como para que los astrónomos hayan dedicado casi un año a entender su origen. Es la primera vez que los datos de Breakthrough Listen conducen a una búsqueda detallada, y la experiencia hace que los científicos estén mejor preparados para estudiar futuras señales dudosas.

«Disponer de ensayos así es realmente útil», valora Jason Wright, astrónomo de la Universidad Estatal de Pensilvania en University Park. «Necesitamos estas señales sospechosas para aprender cómo abordarlas, cómo demostrar si son de origen humano o extraterrestre.»

Pitidos misteriosos

Breakthrough Listen lleva desde 2016 usando telescopios de todo el mundo para intentar detectar emisiones de civilizaciones alienígenas. El proyecto ha captado millones de señales de radio de origen desconocido, aunque casi todas pudieron atribuirse enseguida a interferencias de radio procedentes de la Tierra, generadas por fuentes como torres de telefonía móvil o radares de aviones.

La señal de 2019 fue distinta. La detectó el radiotelescopio de 64 metros Parkes Murriyang, situado en el sureste de Australia, y llegó en la dirección de Próxima Centauri. Esta estrella (la más cercana al Sol, a «tan solo» 4,2 años luz de distancia) es de gran interés para los investigadores de SETI, y no solo por su cercanía. La estrella posee al menos dos planetas, y uno de ellos orbita a la distancia adecuada para que haya agua líquida en su superficie, un requisito previo para la vida tal y como la conocemos en la Tierra. Una iniciativa hermana de Breakthrough Listen, denominada Breakthrough Starshot, pretende enviar una pequeña nave espacial a ese planeta para buscar vida en él.

La misteriosa señal fue descubierta el año pasado por Shane Smith, estudiante universitario del Colegio Hillsdale de Míchigan que trabajaba como becario de investigación en Breakthrough Listen. Smith estaba revisando los datos que Parkes había recogido a lo largo de seis días de abril y mayo del año anterior, durante 26 horas de observaciones en dirección a Próxima Centauri. En ese momento no estaba buscando señales extraterrestres, sino estudiando las fulguraciones producidas en la superficie de la estrella, que podrían reducir la probabilidad de que surgiera vida en los planetas cercanos.

Los datos contenían más de 4 millones de señales procedentes de las inmediaciones de la estrella, pero Smith observó una (en torno a los 982 megahercios) que parecía venir de la propia estrella y duró unas 5 horas. «Me emocioné al encontrar una señal que satisfacía todos los criterios que buscaba, pero enseguida me mostré escéptico y pensé que debía existir alguna explicación sencilla», asegura Smith. «Nunca pensé que la señal fuera a causar tal conmoción.»

Smith compartió la información con su supervisor, Danny Price, quien la publicó en el canal de Slack de Breakthrough Listen. Entonces el equipo empezó a investigarla en serio. «Mi primera idea fue que debía tratarse de interferencias, y supongo que es una actitud razonable, el ser escéptico», revela Price, astrónomo de la Universidad de California en Berkeley y científico del proyecto Breakthrough Listen en Australia. «Pero al poco empecé a pensar que era justo el tipo de señal que estábamos buscando.»

La señal, bautizada como BLC1 (acrónimo en inglés de «candidata 1 de Breakthrough Listen»), fue la primera del proyecto que superó todas las pruebas preliminares para descartar fuentes de interferencia obvias. «Sin duda, hizo que me preguntase por un momento “¿y si…?”», admite Sheikh.

Ella, Price y un nutrido grupo de colegas empezaron a barajar posibles explicaciones, desde satélites no catalogados hasta transmisiones de misiones espaciales. En Australia, la banda de radiofrecuencia de 982 megahercios está reservada sobre todo a los aviones, pero los científicos no lograron identificar ninguna aeronave que hubiera estado en la zona y pudiera explicar una señal así, y menos aún una que hubiese durado 5 horas.

En noviembre de 2020, y en enero y abril de 2021, los investigadores volvieron a dirigir el telescopio Parkes hacia Próxima Centauri para ver si podían captar de nuevo la señal. Pero no lo lograron.

Con el tiempo, el equipo descubrió en los datos originales otras señales que se parecían mucho a la de 982 megahercios, pero con frecuencias distintas. El análisis automatizado del proyecto había descartado esas señales, al considerarlas interferencias terrestres. El estudio posterior demostró que tanto BLC1 como esas otras señales semejantes eran interferencias procedentes de una fuente desconocida. Las señales se habían modulado y enmascarado entre ellas de una forma similar a como un amplificador modula y distorsiona una nota de guitarra, y por eso resultaba tan difícil percatarse de que BLC1 era una interferencia.

Origen terrestre

Dado que la señal no volvió a aparecer en las observaciones de 2020 y 2021, tal vez provenía de algún dispositivo electrónico que funcionaba mal y fue desmantelado o reparado, aventura Sheikh. El equipo sospecha que ese aparato estaba relativamente cerca del observatorio Parkes, quizá a unos cientos de kilómetros. La deriva que mostraba la frecuencia de la señal era compatible con los osciladores de cristal económicos que suelen usarse en ordenadores, teléfonos y radios, subraya Dan Werthimer, astrónomo de la Universidad de California en Berkeley que trabaja en SETI y se especializa en el procesamiento de señales.

Junto a otro estudiante, Sheikh está empleando algoritmos de aprendizaje automático para averiguar a qué frecuencia transmitía el equipo causante de la interferencia, lo que podría ayudar a identificarlo. Una cuestión pendiente es por qué la señal solo aparecía cuando el telescopio apuntaba a Próxima Centauri. Podría tratarse simplemente de una desafortunada coincidencia, si la cadencia de la interferencia coincidía con la cadencia con la que el telescopio se orientaba hacia la estrella.

Las interferencias de radio ya han afectado a otras búsquedas astronómicas, como cuando unas señales intermitentes captadas en el observatorio Parkes resultaron proceder de un microondas donde la gente calentaba su comida. La famosa señal «Wow!», detectada en 1977 por un radiotelescopio en Ohio, fue un pitido tan potente y extraño que el científico que lo observó escribió «Guau!» (¡Guau!) en el margen de la copia que imprimió el ordenador. Sin embargo, nunca pudo determinarse su origen.

Las búsquedas de extraterrestres se han vuelto mucho más elaboradas desde entonces, apunta Sheikh. «Muchos grupos asumían que si detectábamos algo que solo aparecía al apuntar a la fuente, ya estaba, ya podíamos descorchar el champán», señala. «A medida que avanza la tecnología, la forma de analizar las señales también debe cambiar, y eso no se había materializado hasta BLC1.» Uno de los nuevos artículos incluye una detallada lista de comprobación para ayudar a los astrónomos a determinar si una señal podría ser realmente de origen extraterrestre.

«El universo nos ofrece un pajar», ilustra Ravi Kopparapu, planetólogo del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA. «Nosotros debemos encontrar la aguja que esconde, y asegurarnos de que lo que hemos hallado sea realmente una aguja.»

Alexandra bromea /Noticias de la naturaleza

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Referencias: «Una búsqueda de firma de tecnología de radio hacia Proxima Centauri que resulta en una señal de interés.», Shane Smith y col. en Astronomía de la naturaleza, 25 de octubre de 2021; «Análisis de la señal de interés de Breakthrough Listen blc1 con un marco de verificación de firma tecnológica», Sofía Z. Sheikh et al. en Astronomía de la naturaleza, 25 de octubre de 2021.



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