En el otoño del año 79, Pompeya y sus vecinas Herculano, Estabia y  Oplontis sufrieron una gran catástrofe. Miles de personas murieron cuando el Vesubio entró en erupción y lanzó contra esos lugares, en dos fases en días consecutivos,  bombas volcánicas de piedra pómez, ceniza y gases. Muchos murieron en casa o en la calle, otros se abrasaron o asfixiaron al llenarse sus pulmones de gases tóxicos y polvo fino. La ceniza y el barro cubrieron la región y conservaron a esas víctimas para la posteridad. Daniela Mele, de la Universidad de Bari, y su equipo han determinado cuánto tiempo tardaron en morir muchos de los residentes. Su estudio se ha publicado en Informes científicos.

Los habitantes de Herculano no tuvieron la menor oportunidad de sobrevivir. Allí, en las faldas del Vesubio, el desastre se les echó encima muy deprisa, implacablemente, en forma de flujos piroclásticos. Aquella mezcla de cenizas y gases muy calientes descendió pegada a las laderas del Vesubio y mató a cualquiera que se encontrase en su zona de influencia en solo unos segundos. Pompeya está unos diez kilómetros más allá. Allí sí podría haber habido supervientes si los flujos piroclásticos solo hubiesen invadido la ciudad durante unos minutos. Esta es la conclusión del equipo de científicos, basada en un modelo de los flujos y en la manera en que las víctimas se conservaron en ceniza.

Según estudios anteriores, el choque térmico causado por nubes de gas a cientos de grados de temperatura mató a los habitantes de Pompeya en segundos. Los habría abrasado casi instantáneamente, y abrasados murieron, en efecto. Lo que ahora se sabe lo contradice: los arqueólogos no dejan de encontrar restos de ropa, que ya con temperaturas de entre 130 y 150 grados se habrían consumido por completo. Con temperaturas menores a esa las víctimas habrían podido sobrevivir algunos minutos si el aire no hubiese estado a la vez lleno de finas partículas calientes, que acortan el lapso potencial de superviviencia considerablemente, dicen los científicos.

Según sus cálculos, los flujos piroclásticos cubrieron Pompeya durante de diez a veinte minutos; a Mele y sus colaboradores les parece que 17 minutos fue el tiempo más probable: demasiado largo para escapar  de la muerte. De ahí pueden extraerse consecuencias para los planes de evacuación actuales, escriben. A mayores distancias de la erupción, donde el gas y las cenizas ya se han enfriado y frenado un poco, el tiempo durante el cual se puede sobrevivir depende de la duración del flujo piroclástico. Se requiere, pues, una intervención rápida.

Daniel Lingenhöhl

Referencia: «El impacto de la duración de las corrientes de densidad piroclásticas en los humanos: el caso de la erupción del Vesubio en el 79 d.C.», De Pierfrancesco Dellino, Fabio Dioguardi, Roberto Isaia, Roberto Sulpizio y Daniela Mele, en Informes científicos, volumen 11, artículo número 4959 (2021).



Ver Publicación Original

Comparte el Conocimiento

No responses yet

Leave a Reply

%d bloggers like this: