La mañana del 2 de junio, empezaron a circular rumores de que la NASA estaba a punto de anunciar sus próximas misiones interplanetarias, tras seleccionar a los esperados ganadores de un concurso enmarcado en su programa de exploración Discovery, destinado a naves espaciales de coste relativamente modesto. Cuatro equipos candidatos esperaban con ansiedad los resultados: uno pretendía enviar una misión a Ío, la hipervolcánica luna de Júpiter. Otro deseaba visitar Tritón, una luna criovolcánica de Neptuno. Y los otros dos querían ir a Venus, un destino del que la agencia espacial se había olvidado durante décadas.

Esa misma tarde Bill Nelson, el administrador de la NASA, dio una rueda de prensa. Tras un largo preámbulo que versó sobre los esfuerzos de la agencia para combatir el cambio climático, así como sobre sus planes para explorar Marte y la Luna, y que incluyó un inesperado cameo de William Shatner [el actor que interpretó al capitán Kirk en la serie Star Trek], Nelson pasó a centrarse en el programa Discovery.

Mientras hablaba, las pantallas cercanas comenzaron a mostrar un vídeo de producción impecable donde se veían remolinos de nubes de un color amarillo enfermizo y un paisaje desolado y salpicado de volcanes. Para el contingente de científicos planetarios expertos en Venus que asistían a la teleconferencia, la vista infernal resultaba agradablemente familiar. ¿Quizás la NASA estaba dando luz verde a una de las dos misiones propuestas a Venus?. Entonces aparecieron dos siglas en la pantalla, «DAVINCI+ y VERITAS», que arrancaron los vítores del público presente en el auditorio y en Internet.

Por primera vez en tres décadas, la NASA ha decidido volver a Venus… y no una, sino dos veces. VERITAS (Emisividad, Radiociencia, Interferometría SAR, Topografía y Espectroscopía de Venus) orbitará en torno al planeta mientras estudia su superficie e interior a través de mediciones gravitatorias y de radar. DAVINCI+ (Investigación de Gases Nobles, Química e Imágenes de la Atmósfera Profunda de Venus) incluirá un orbitador y una sonda diseñada para sumergirse en la atmósfera hasta alcanzar la misteriosa superficie del planeta, permanentemente envuelta en nubes. Si todo va según lo previsto, ambas misiones deberían lanzarse antes del final de esta década.

La última vez que la NASA lanzó una nave rumbo a Venus fue en 1989, cuando su orbitador Magallanes partió en una misión de cinco años para elaborar un mapa de radar del planeta. Desde entonces, el mundo hermano de la Tierra (casi idéntico a nuestro planeta en cuanto a tamaño, masa y composición) había quedado relegado al olvido en la exploración espacial estadounidense. Para la comunidad científica dedicada a Venus, que había trabajado, hecho campaña y porfiado durante el último cuarto de siglo para elevar el perfil tristemente bajo del planeta, el momento decisivo constituyó una verdadera catarsis.

«Hacía años que no daba tantos saltos de alegría», asegura Martha Gilmore, geóloga planetaria de la Universidad Wesleyana, que participa en ambas misiones. «¡Nos vamos a Venus!», exclama Jim Garvin, científico jefe del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA e investigador principal de DAVINCI+.

«No sé qué más podríamos haber hecho para conseguir que ésta fuera la misión idónea para el momento actual», señala Sue Smrekar, geofísica planetaria del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA e investigadora principal de VERITAS. «Creo que hemos hecho justo eso. Y creo que la NASA se ha dado cuenta.»

La primera misión en la que trabajó Smrekar fue la de Magallanes, cuando aún era investigadora postdoctoral. Su intención es que VERITAS sea la última, y la culminación de toda su vida científica. «Va a ser la guinda de mi carrera», afirma. «Estoy deseando ver qué descubrimos.»

Los investigadores desean resolver multitud de misterios distintos sobre Venus, pero todos ellos hablan de un único enigma común: ¿Por qué tuvieron la Tierra y Venus, dos planetas hechos al mismo tiempo y del mismo material, destinos tan divergentes? ¿Por qué uno es un templado oasis biológico y el otro un pandemonio infernal?

«¿Cómo se forma un planeta habitable? Esa es nuestra principal pregunta, y de momento solo tenemos una respuesta: La Tierra», apunta Gilmore. «Ahora dispondremos de un segundo laboratorio para entender esa cuestión.»

Equipado con un sofisticado sistema de radar, la misión VERITAS es, en la práctica, la sucesora de Magallanes. Su objetivo es elaborar mapas topográficos y geológicos muy detallados de Venus, al tiempo que lanza una mirada profunda al interior del planeta mediante minuciosas mediciones de su campo gravitatorio.

El orbitador de DAVINCI+ no tiene tantas prestaciones, pero su sonda aportará valiosos datos sobre la atmósfera de Venus. Para ello, muestreará y estudiará la química del aire del planeta durante una inmersión sin retorno hacia su superficie letal para las naves espaciales. Ambas misiones también llevarán a cabo demostraciones tecnológicas para impulsar las capacidades interplanetarias de la NASA: VERITAS llevará un reloj atómico ultrapreciso que mejorará la navegación en el espacio y DAVINCI+ contará con un novedoso instrumento para tomar imágenes ultravioletas en alta resolución.

Una única misión a Venus aportaría innumerables revelaciones. El hecho de que dos vayan a visitar el planeta casi al mismo tiempo es especialmente emocionante. En la conferencia, Nelson se refirió a ellas como «misiones hermanas», una descripción acertada porque ambas estudiarán dos aspectos muy distintos de Venus a fin de abordar las mismas cuestiones fundamentales sobre la habitabilidad planetaria. Como la mantequilla y la mermelada, se complementan a la perfección.

«Los resultados conjuntos de estas misiones nos darán información sobre el planeta, desde las nubes de su cielo hasta su núcleo, pasando por los volcanes de su superficie», señaló Tom Wagner, científico del programa Discovery de la NASA, en un comunicado tras el anuncio. «Será como si hubiéramos redescubierto el planeta.»

El hecho de que se hayan seleccionado ambas misiones demuestra que la NASA no se conforma con echar un vistazo superficial al planeta, celebra Paul Byrne, planetólogo de la Universidad Estatal de Carolina del Norte y firme defensor de las misiones a Venus. En cambio, la agencia espacial está siguiendo una estrategia diseñada para revelar cómo funciona el planeta por dentro y por fuera. Y quizá estas misiones duales sean el comienzo de algo aún mayor: los revolucionarios datos que obtendrán ambas podrían convertirse en la base de un futuro programa de misiones a Venus, similar al Programa de Exploración de Marte de la NASA, que ha transformado nuestra comprensión del planeta rojo.

Es, por supuesto, un día decepcionante para los otros dos equipos que aspiraban a uno de los codiciados puestos del programa Discovery. El equipo del Observador de los Volcanes de Ío quería entender las inmensas fuerzas gravitatorias responsables de conservar el océano de magma de la luna joviana. Eso ayudaría a comprender el modo en que las mismas fuerzas logran mantener calientes durante miles de millones de años los océanos de agua de otros mundos, como la luna Europa de Júpiter, vecina de Ío. Por su parte, el equipo que propuso la misión Tridente pretendía averiguar cómo una forma increíble y extraña de vulcanismo helado consigue mantener la luna Tritón de Neptuno (una antigua reliquia de los albores del sistema solar) con un aspecto tan extraordinariamente joven durante eones.

El vulcanismo también es la causa más probable de la transformación de Venus, que hace mucho tiempo pasó de ser un supuesto mundo oceánico a un páramo hostil, un proceso que tanto VERITAS como DAVINCI+ estudiarán a su manera. Según Jacob Richardson, vulcanólogo planetario del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA, los volcanes iban a salir ganando independientemente de cuál de las cuatro misiones candidatas hubiera salido elegida. Pero en este caso, la elección de Venus para entender cómo los volcanes pueden destruir planetas enteros parecía evidente.

Para los derrotados, la inevitable melancolía se tiñe de optimismo. Los partidarios de una misión a Ío esperan cantar victoria en la próxima competición del Programa Discovery, o incluso en el siguiente peldaño: un concurso por las misiones más caras y técnicamente avanzadas del programa Nuevas Fronteras de la NASA. Quienes desean volver a los tantas veces olvidados mundos de Urano y Neptuno, que contemplaron por última vez una nave espacial a finales de los 80, tienen en mente una futura misión «insignia», uno de los gigantescos proyectos de más de 1000 millones de dólares que constituyen la cúspide de la flota robótica de exploración espacial de la NASA en términos de tamaño, coste y capacidad.

Sin embargo, esta década pertenece al segundo planeta más cercano al Sol. Al igual que sus compañeros de DAVINCI+, Smrekar y sus colaboradores de VERITAS están emocionados, agotados e incrédulos al mismo tiempo. La noche anterior al anuncio, Smrekar había tomado una fotografía de Venus, un punto brillante en el cielo oscuro. Tras el comunicado de la NASA, a la luz de un nuevo día, esa mota diamantina tenía de repente un aspecto muy distinto. Ya no era una isla inalcanzable, sino el destino del próximo gran salto de la NASA en cuanto a exploración interplanetaria.

Robin George Andrews

Más información en la página web de la NASA.



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