Una hormona vegetal que ayuda a madurar la fruta también impide que las raíces crezcan en los suelos duros y poco acogedores.

Un suelo sano es blando y esponjoso, pero las prácticas agrícolas modernas lo compactan, haciéndolo duro y denso. Los suelos compactados disminuyen el acceso de las plantas al agua y a los nutrientes y pueden provocar una reducción de las cosechas.

El conocimiento tradicional sostiene que el suelo duro supone un obstáculo físico que impide el crecimiento de las raíces, pero Malcolm Bennett, de la Universidad de Nottingham, Dabing Zhang, de la Universidad Jiao Tong de Shanghái, y sus colaboradores han demostrado una hipótesis distinta. Tomaron plantas de arroz (Oryza sativa) y expusieron sus raíces a etileno, una hormona vegetal producida por el tejido radicular. En respuesta a esa sustancia, las raíces dejaron de crecer en longitud y empezaron a crecer en grosor, igual como lo hacen las que crecen en los suelos compactados. En cambio, cuando hicieron crecer plantas de arroz mutantes insensibles al etileno, comprobaron que el suelo compactado no ejercía casi ningún efecto sobre las raíces.

Los investigadores también descubrieron que el suelo compactado ralentiza la difusión del etileno desde el tejido radicular, lo que provoca que la hormona se acumule en el interior y alrededor de la raíz. En vista de sus resultados, proponen que la hormona avisaría a las raíces de que no se aventuren en terrenos hostiles.

Aspectos destacados de la investigación sobre la naturaleza

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Resarch Group.

Referencia: «Las raíces de las plantas detectan la compactación del suelo a través de la difusión restringida de etileno“. Bipin K. Pandey y col. en Ciencias, vol. 371, págs. 276-280, enero de 2021.



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