Grandes extensiones de estepas se convirtieron en poco tiempo en el mayor desierto del mundo. Hace 6000 años, antes de sufrir el mayor cambio medioambiental natural de la historia climática reciente, el Sahara estaba aún recubierto de vegetación. El monzón africano, que tiene como fuente el Golfo de Guinea, ascendía hasta mucho más al norte que hoy en día. Pero no hay ningún modelo que haya podido explicar hasta ahora cómo pudo verdecer el Sahara entero. Rachid Cheddadi, del Instituto de Ciencias de la Evolución, de Montpellier, y sus colaboradores han propuesto en PNAS un nuevo modelo, que combina el monzón con lluvias de tipo mediterráneo para explicar ese pasado verde del Sahara entre hace 12.000 y 3000 años antes de nuestra era.

Los investigadores han estudiado un testigo sedimentario de 8,5 metros de largo extraído del lago Tislit, en el Atlas marroquí, muy por encima de los 24º a que habría llegado, como máximo, el monzón africano en la época del Sahara verde.

Los granos de polen encerrados en el testigo indican que en esa época la vegetación era de tipo mediterráneo, sujeta, pues, al mismo tipo de lluvias que actualmente recibe el norte de África, con precipitaciones en invierno y con veranos secos. Que no haya trazas de plantas tropicales y subtropicales ratifica que el monzón no regaba el norte del Sahara durante el verano. Los investigadores han concebido por eso una situación climática en la que las lluvias de invierno llegaban más al sur y generaban una doble sesión de lluvias en el Sahara, y han puesto a prueba esta hipótesis con varias simulaciones basadas en un modelo de la vegetación.

Las simulaciones que no incluían más que el monzón como fuente de humedad creaban paisajes semidesérticos en los que la distribución de la vegetación no es compatible con el registro fósil. En cambio, el resultado de que interviniesen los dos sistemas de lluvias concuerda con los datos sobre la cubierta vegetal aportados por el registro fósil del Sahara.

Según ese cuadro climático, el monzón subía hasta los 24º de latitud norte, límite hasta donde se extendía el bioma del Sahel, mientras que las lluvias de invierno mantenían una cierta humedad durante el año al penetrar hacia el sur, hasta una latitud de 18º. Una zona intermedia conocía las dos fuentes de precipitaciones, así que cohabitaban ambos tipos de vegetación. Con la lluvia de verano, y luego con la de invierno y primavera, esta zona gozaba de una mejor distribución de las precipitaciones a lo largo del año y períodos de sequía mucho más breves que permitían la presencia perenne de vegetación.

Estos dos tipos de lluvias irrigaron la región durante algunos milenios (su intensidad llegó al máximo entre 10.500 y 8500 años), y luego fueron declinando hasta hace 6000 años. Hoy, el monzón no pasa de los 15º al norte del ecuador y las precipitaciones mediterráneas no fertilizan más que una estrecha franja de tierra a lo largo de las costas del norte de África. Entre esas dos zonas, por lo demás bien separadas, el Sahara verde fue sustituido por un secarral tras otro.

Valentin Rakovsky

Referencia: «El enverdecimiento del Sahara en el Holoceno temprano requiere lluvias invernales mediterráneas», de Rachid Cheddadi et al., En PNAS, 8 de junio



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