Los murciélagos pueden alcanzar velocidades de 135 kilómetros por hora y altitudes de 1600 metros sobre el nivel del mar, con la ayuda de las corrientes de aire ascendente nocturno.

Algunos quirópteros se elevan cientos de metros en pocos segundos. Pero volar rápido y alto puede resultar difícil cuando anochece: los vientos son más débiles que durante el día y los puntos de referencia del entorno, que ayudan a las aves diurnas a orientarse, se vuelven invisibles.

Para estudiar el modo en que los murciélagos nocturnos consiguen realizar un vuelo de tan alta eficacia, Teague O’Mara, de la Universidad del Sudeste de Luisiana, en Hammond, y sus colaboradores, equiparon con diminutos GPS a murciélagos rabudos (Tadarida teniotis) en una zona del nordeste de Portugal. Los dispositivos registraron la ubicación de los animales cada 30 segundos durante una a tres noches, en las que los investigadores recopilaron también datos del viento local.

Los murciélagos rabudos volaron principalmente a entre 100 y 300 metros del suelo. Pero, de vez en cuando, aprovechaban corrientes de aire ascendentes, que se forman cuando los vientos se topan con la ladera de las montañas o colinas. Los murciélagos utilizaban las corrientes hasta alcanzar elevadas altitudes, donde los vientos se vuelven ligeros. Una vez en lo alto, adquirían velocidades que se hallan entre las más rápidas conocidas entre los vertebrados de vuelo autopropulsado.

Aspectos destacados de la investigación sobre la naturaleza

Referencia: «Los murciélagos usan la topografía y las corrientes ascendentes nocturnas para volar alto y rápido». M. Teague O’Mara et al. en Biología actual, publicado en línea, febrero de 2021.

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Resarch Group.



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