El 15 de enero de 2018, Luc Ferry, exministro de educación, declaró, en un canal de noticias de máxima audiencia, que en el día a día, las matemáticas no resultaban de utilidad. Asimismo, añadió que nunca había usado, ni siquiera durante 30 segundos, las matemáticas que había aprendido en la escuela. Sin embargo, con toda probabilidad, desconocía que las matemáticas habían contribuido a la maduración del cerebro, para que pudiera enfrentarse al mundo real de forma racional.

Así concluye un estudio, publicado en tiempo reciente por la revista procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias, en el que participaron 87 estudiantes ingleses, de entre 16 y 18 años, con el objeto de dilucidar si la educación matemática antes del bachillerato inducía cambios en el cerebro. De forma sorprendente, la concentración del neurotransmisor GABA permite conocer, casi con un 90 por ciento de fiabilidad, si un alumno ha cursado, o no, estudios de matemáticas. Además, los niveles de base no influyeron en dicha relación. Es decir el aumento de GABA aparecía tras practicar matemáticas, pues los investigadores no hallaron diferencias entre los grupos antes de que los voluntarios eligieran si querían incluirlas en su educación.

Pero, ¿qué papel desempeña GABA en el cerebro? Cuando esta molécula se une a sus receptores, localizados en la superficie de las neuronas, inhibe la transmisión de los impulsos nerviosos. Su acción complementa la de otros neurotransmisores excitatorios, como el glutamato, que favorecen la comunicación entre neuronas. Durante la juventud, el equilibrio entre la inhibición y la excitación define períodos críticos del desarrollo cerebral, que facilitan la plasticidad, es decir, la formación de nuevas conexiones para almacenar conocimientos y habilidades. El componente excitatorio siempre se halla presente, mas la inhibición por GABA puede resultar insuficiente. No obstante, la investigación de George Zacharopoulos y sus colegas de Oxford muestra que la práctica de las matemáticas puede potenciar la función de GABA.

En los estudiantes de matemáticas, la producción de GABA resulta crucial para una zona del cerebro conocida como corteza frontal medial. Esta área participa en el razonamiento complejo, que a menudo requiere bloquear las respuestas intuitivas, sin fundamento. También interviene en el razonamiento de tipo algorítmico, que precisa de un pensamiento metódico, desplegado en el tiempo, con el fin de alcanzar un objetivo preciso. Y al parecer, GABA favorece estos procesos, ya que, según imágenes obtenidas por resonancia magnética, el córtex frontal medial, de los estudiantes con niveles altos del neurotransmisor, desconecta fácilmente las otras áreas de su cerebro durante el razonamiento, para evitar distracciones y sesgos. Por el contrario, en los alumnos con niveles bajos de GABA, todas las áreas del cerebro se activan al mismo tiempo, hecho que consume energía y dificulta la concentración plena en el razonamiento.

Así pues, desarrollar toda la plasticidad cerebral durante la adolescencia, así como adquirir la capacidad de inhibición, favorece que el cerebro razone sin fallos, además de mantener a raya las informaciones falsas y estereotipos. Por consiguiente, las matemáticas sí resultan de utilidad para toda la vida.

Sébastien bohler

Referencia: «El impacto de la falta de educación matemática en el desarrollo del cerebro y los logros futuros», Por G. Zacharopoulos et al., En procedimientos de la Academia Nacional de Ciencias. 118 (24) e2013155118, publicado el 15 de junio de 2021.



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