Para alcanzar los objetivos acordados en la Conferencia del Clima de París, concluye un estudio publicado en Naturaleza, deberá permanecer en el subsuelo bastante más de la mitad de las reservas de combustibles fósiles (es decir, los recursos energéticos fósiles ya descubiertos que se pueden extraer desde un punto de vista técnico y económico, según las condiciones de mercado imperantes). Los autores del artículo son Dan Welsby, del University College de Londres, y sus colaboradores, y se han basado en un modelo por ordenador.

Según su resultado, casi el 60 por ciento del petróleo y del metano aprovechables, y casi el 90 del carbón, tendrán que seguir para 2050 bajo tierra si no se quieren sobrepasar los límites del  llamado «presupuesto de carbono» (la cantidad de carbono que puede emitirse sin que la temperatura global supere un tope). Así no se producirá su combustión y no arrojarán más CO2 a la atmósfera.

Para ello, la producción de petróleo y gas debería irse reduciendo mundialmente cada año, desde ahora mismo hasta 2050, en un tres por ciento. Ese recorte progresivo es necesario «para tener una probabilidad de un cincuenta por ciento de limitar el calentamiento a 1,5 grados», escriben los investigadores en su estudio.

El porcentaje de reducción se refiere a la producción mundial. Sin embargo, la parte de los recursos que, según el grupo, tiene que permanecer bajo el suelo es diferente según las regiones. Tomemos como ejemplo el petróleo. En Canadá habría que dejar de explotar el 83 por ciento de las reservas. En Oriente Próximo, que cuenta con los mayores yacimientos, el porcentaje es del 62 por ciento, parecido al promedio, como es de esperar habida cuenta del peso de esa región en la producción mundial; la cantidad absoluta de barriles que debe dejar sin extraer es, con mucho, mayor que la de cualquier región. América Central y Sudamérica no podrían explotar el 73 por ciento de sus reservas; Rusia y los Estados exsoviéticos, en cambio, solo tendrían que prescindir del 38 por ciento (no ocurre lo mismo con el metano, al que tendrían que renunciar en un 63 por ciento, más o menos como Oriente Próximo). Los yacimientos de petróleo y de metano del Ártico deberían permanecer intactos; tampoco podría explotarse el 99 por ciento del petróleo no convencional (de alta densidad o betún), ni el 86 por ciento del gas no convencional (en esquistos, en areniscas de muy baja permeabilidad o inmerso en carbón).

La rapidez con que cambien la comunidad internacional y la industria será decisiva, dicen Welsby y sus colaboradores. Sus resultados, sin duda, le ofrecen «un cuadro desolador» a la industria de la energía en el mundo entero, pero, como ellos mismos dicen, las reducciones necesarias según su estudio podrían quedarse cortas. En él no se han tenido en cuenta retroalimentaciones o interacciones en los fenómenos climáticos mundiales; su resultado depende además de una hipotética capacidad de eliminación del carbono atmosférico para 2050. Y aun así la garantía es de solo un 50 por ciento.

Cómo han cambiado las estimaciones en los últimos seis años

Una investigación anterior, de 2015, basada en una modelización parecida y publicada también en Naturaleza y uno de cuyos autores, Paul Ekins, del University College, es también autor del nuevo estudio, llegaba a una disminución más moderada porque adoptó un criterio menos restrictivo: que el aumento de la temperatura global no supere los 2 grados. Con esa limitación más laxa, se estimó que, para 2050, tendrían que estar sin extraer una tercera parte de las reservas de petróleo, casi la mitad de las de metano y más de un 80 por ciento de las de carbón.

Welsby y sus colaboradores ligan su estudio a las conclusiones más recientes del IPCC. Como se dice en la parte que se publicó en agosto del sexto informe del comité, los episodios meteorológicos extremos (lluvias muy intensas, olas de calor) serán más frecuentes en el futuro. Pero el informe deja claro sobre todo que el calentamiento global ya hace que episodios así sean más intensos en estos momentos. Eso, y que el margen de tiempo de que se dispone para frenar el cambio climático se está volviendo alarmantemente corto.

Karin Schlott

Referencia: «Combustibles fósiles inalcanzables en un mundo a 1,5 ° C», Por Dan Welsby, James Price, Steve Pye y Paul Ekins, en Naturaleza, 597, páginas 230–234 (2021).



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