Las personas solemos asustarnos con mayor rapidez en la oscuridad que cuando experimentamos la misma situación en un espacio iluminado. Un equipo dirigido por Sean Cain, de la Universidad Monash, ha investigado el porqué de este fenómeno. Según han constatado, la amígdala, el «centro cerebral de las emociones», entre estas el miedo, se encuentra más activa en la oscuridad que en la luz. El estudio se publica en Más uno.

Para su investigación, los autores exploraron el cerebro de 23 participantes bajo el escáner cerebral a la vez que encendían y apagaban la luz cada 30 segundos. Observaron que en las fases de oscuridad, la amígdala se encontraba constantemente activa, pero en cuanto se encendía la luz, su actividad disminuía con rapidez.

Al parecer, la amígdala se halla directamente conectada con la retina con ese fin: cuando la amígala está activa, fomenta la sensación de miedo o ansiedad con mayor facilidad al evaluar una situación; en cambio, cuando se reduce su actividad, percibimos la misma situación como menos amenazante.

Los investigadores observaron otro fenómeno en el cerebro de sus voluntarios: cuando la actividad de la amígdala quedaba reducida por la luz, la interacción entre dicha área cerebral y la corteza prefrontal ventromedial aumentaba. Esta última región contribuye, asimismo, a la regulación de las sensaciones de miedo. Así pues, ello también favorecería una evaluación más fría de la situación.

Jan Dönges

Referencia: «Miedo a la oscuridad: la luz suprime de forma aguda la actividad en el ser humano» publicado en línea en Más uno el 16 de junio de 2021.



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