«¿Cuánto dinero gana?» Este tipo de preguntas no suele plantearse a un desconocido, al menos sin una buena razón. No obstante, una serie de experimentos demuestra que esta reticencia puede ser infundada. La reticencia a hacer preguntas delicadas refleja errores de previsión conversacional, afirman Einav Hart, de la Universidad George Mason, junto con otros científicos en la revista Comportamiento organizacional y procesos de decisión humana.

Para su estudio, el equipo formó parejas con más de 1.400 participantes, entre los que había estudiantes y trabajadores, algunos amigos y otros que no se conocían entre sí. A veces, las parejas contactaban por chat, otras cara a cara. Durante una conversación, uno de los participantes debía hacer preguntas personales a su interlocutor: «¿Has tenido alguna vez problemas económicos?» «¿Y una aventura?» «¿Has cometido algún delito?»

En una variante del experimento, los sujetos podían decidir si planteaban este tipo de preguntas y se les prometía una gratificación por hacerlo. En otra variante, recibían dinero si conseguían causar una mala impresión. ¿Resultado? Los participantes motivados de esta suerte plantearon preguntas más personales. Pero, en general, prefirieron no hacerlo: creían que las preguntas incomodarían a su interlocutor y le dejarían una mala impresión de su persona. No obstante, los encuestados, ya fuesen amigos o desconocidos, se molestaron mucho menos de lo que esperaban los sujetos. De hecho, las preguntas no cambiaron la relación de los interlocutores ni el grado de comodidad de los que debían responder.

La manera de preguntar importa

Al contrario de lo que se suele pensar, las preguntas personales podrían incluso profundizar la relación, concluyen los autores. Por otra parte, las personas se abstienen de proporcionar información que podría resultarles útil (por ejemplo, en las negociaciones salariales). La habilidad de preguntar consiste en encontrar el equilibrio en función del contexto, la cultura y la personalidad de la persona encuestada. También importa la manera de preguntar: los investigadores recomiendan explicar el motivo de la pregunta y cómo se pretende utilizar la información.

Con su estudio, los investigadores no buscan fomentar los malos modales, sino invitar a las personas a comprobar los supuestos erróneos. Con todo, resulta cuestionable que los hallazgos se puedan trasladar tan fácilmente a la vida fuera del laboratorio. Las normas sociales que guían el comportamiento en el día a día solo pueden aplicarse de forma limitada en los experimentos psicológicos. Quienes participan en ellos, están preparados para que la situación pueda volverse personal.

Christiane Gelitz

Referencia: «Las consecuencias (mejores de lo esperado) de hacer preguntas delicadas». Einav Hart et al. en Comportamiento organizacional y procesos de decisión humana, Vol. 162, págs. 136-154, 2021.



Ver Publicación Original

Comparte el Conocimiento

No responses yet

Leave a Reply

%d bloggers like this: