La Tierra es un planeta dinámico: sus placas tectónicas van a la deriva desde que existen, se topan y separan, con sus colisiones empujan hacia arriba cordilleras y abren tras de sí vastas grietas en los océanos. Pero hubo un largo tiempo, casi mil millones de años, en que reinó una notable calma en la orogénesis, la formación de montañas: hace entre unos 1800 y 800 millones de años, la tectónica de placas se frenó y detuvo así la formación de montañas. Las consecuencias fueron notorias: las masas continentales acabaron siendo bastante llanas una vez que el viento y la meteorización hicieron desaparecer mediante la erosión las viejas cordilleras. Eso debió de promover una reacción en cadena con consecuencias para la vida en los mares y condujo a una fase bien poco espectacular para los biólogos evolucionistas y los geólogos. Esa fase la han delimitado ahora con mayor precisión unos investigadores en la revista Ciencias.

Ming Tang, de la Universidad de Pekín, y sus colaboradores han investigado los procesos geológicos del Proterozoico Medio, para lo que han determinado los cambios en la composición y grosor de la corteza terrestre. Para ello aplicaron un método que habían presentado antes en la revista Geología; establece la concentración de isótopos de europio en circones (minerales de circonio que pueden incluir en proporciones variadas elementos como el europio) de la corteza terrestre. Los circones están presentes en la corteza por todas las partes del mundo;  ha cristalizado en ella en dferentes momentos. Los investigadores han podido mostrar que las concentraciones de europio indican el grosor de la corteza en el instante de la cristalización, y de esa forma pueden estimar dónde y cuándo la corteza era especialmente gruesa o delgada. Y la elevación de montañas por el empuje de las placas guarda relación con el espesor de la corteza.

El equipo de Tang ha determinado una escala cronológica del espesor de las cortezas continentales por medio del análisis de los isótopos de europio en circones de diferentes lugares. Esa escala llega hasta los orígenes de las placas. El espesor medio mundial de la corteza ha ido variando notablemente: ha sido gruesa en el eón arcaico, que abarca entre hace 4000 y 2500 millones de años, y en el Fanerozoico, el eón actual, que empezó hace 540 millones de años. En el Proterozoico Medio, la corteza fue globalmente mucho más fina. En esa parte del eón, concluyen los investigadores, la orogénesis casi cesó.

Los biólogos evolucionistas conocían ya esa época: hay pruebas de que en ella el desarrollo de nuevas formas de vida marina se frenó considerablemente. Tang y sus colaboradores dicen que cabe perfectamente imaginar que tiene que ver con el fin de la formación de montañas en el supercontinente Nuna-Rodina, que se formó por entonces y fue muy duradero. El continente parece que hizo que se estancaran los procesos dinámicos de la litosfera. La erosión fue desgastando las montañas más y más, hasta que por todas partes la Tierra fue mucho más llana que hoy. Y aunque la erosión no terminó entonces, dejó durante mucho tiempo de transportar desde la tierra hasta los mares sustancias nutritivas esenciales, por ejemplo los fosfatos.

Esa carencia de nutrientes pudo ser la razón de la estasis de la evolución en el océano. Así, hace 1700 millones de años ya había células eucariotas, las células con núcleo, pero desde entonces hasta hace 800 millones de años la evolución se aquietó. Ese hiato evolutivo podría, pues, tener que ver con que por entonces la llanura fuese general en tierra.

Jan Osterkamp

Referencia: «Quiescencia orogénica en la edad media de la Tierra», De Ming Tang, Xu Chu, Jihua Hao y Bing Shen, en Ciencias, 12 de febrero de 2021: volumen 371, número 6530, págs. 728-731.



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