Solo te das cuenta de lo bueno que eres en algo cuando lo has conseguido por ti mismo. Pero si recibes ayuda externa que no has solicitado, atribuyes erróneamente esa ventaja a tu propia capacidad. A esta conclusión han llegado Matthew Fisher, de la Universidad Metodista del Sur, y Daniel Oppenheimer, de la Universidad Carnegie Mellon, según publica la revista ciencia psicológica.

Con el fin de averiguar cómo se produce el sesgo cognitivo de la sobreconfianza y la manera de evitarlo, los autores reclutaron a 2.440 personas, con una media de edad de 30 años y aproximadamente la mitad de hombres y la mitad de mujeres, para que participaran en experimentos en línea. Solicitaron a cada uno que llevaran a cabo una de las siguientes tres tareas: memorizar una lista de 15 palabras, resolver anagramas (es decir, que formaran una palabra con sentido a partir de las letras de otra palabra) o responder ocho preguntas de conocimiento general. El tiempo para cada tarea era limitada (por ejemplo, dos minutos y medio para ocho anagramas).

Para resolver el ejercicio, algunos de los participantes no recibieron ninguna ayuda; a otros se les dio una pista después de siete segundos (por ejemplo, la primera letra de la respuesta correcta), y otros más obtuvieron ayuda solo a petición propia. Cuando terminó la prueba, se indicó a los participantes el número de aciertos que habían conseguido. A continuación, se les pidió que estimaran el porcentaje de soluciones correctas que lograrían en una nueva ronda y sin ayuda.

Autoconfianza errónea

Por término medio, los participantes consiguieron resolver correctamente más de la mitad de las tareas si recibían ayuda no solicitada, algo menos de la mitad si las pistas eran «a petición» y entre una cuarta y una tercera parte si resolvían la tarea sin ninguna ayuda. Y, hete aquí el hallazgo, basaron sus predicciones para la siguiente ronda en esas experiencias. De esta manera, los que obtuvieron ayuda sin que se les preguntara si la querían consideraron que volverían a rendir igual de bien. En concreto, creyeron que resolverían alrededor del 50 por ciento de los anagramas en la siguiente tarea, pero solo consiguieron solucionar un tercio. En cambio, los que no obtuvieron ayuda y los que la solicitaron evaluaron sus conocimientos de forma más ajustada. Es decir, mostraron una mejor valoración metacognitiva.

Según concluyen los autores, los sujetos sobrestimaron sus capacidades porque, gracias a la ayuda, experimentaron las tareas como menos difíciles. Atribuyeron la facilidad a su propia competencia, una atribución errónea. Esta evaluación distorsionada no se producía si primero habían intentado solucionar la actividad por sí mismos.

«Mientras las personas esperan recibir la ayuda externa, perciben lo difícil que es resolver la tarea sin ayuda. Ello aporta una información más ajustada a su metacognición», señalan. Por el contrario, si nunca se ponen a prueba las propias habilidades sin ayuda externa, surgen sesgos metacognitivos. Por ejemplo, se puede confundir la habilidad de encontrar información en la Red con lo que realmente se sabe.

Christiane Gelitz

Referencia: «Más difícil de lo que piensa: cómo la asistencia externa conduce al exceso de confianza». Matthew Disher y Daniel M. Oppenheimer en ciencia psicológica, Vol. 32, n.O 4, págs. 598-610, 2021.



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