En 2016, Martin M. Monti, de la Universidad de California en Los Ángeles, y sus colaboradores, lograron reactivar el cerebro de un paciente de 25 años en proceso de recuperación tras un coma, mediante ultrasonidos. Antes de la intervención, el joven presentaba un estado de consciencia mínimo, así como una limitada capacidad para entender el lenguaje o realizar pequeños movimientos. Tres días después, recobró la conciencia plena, además de la habilidad para comunicarse a través de gestos. Transcurridos cinco días, incluso intentó andar.

Sin embargo, a pesar del sorprendente resultado, los investigadores no descartaron el factor suerte, ya que el tratamiento pudo realizarse justo cuando el paciente experimentaba una recuperación espontánea. Por ello, prosiguieron con su trabajo, cuyas conclusiones publica, ahora, la revista Estimulación cerebral.

En esta ocasión, el efecto terapéutico de la técnica, conocida como ultrasonido enfocado de baja intensidad (LIFUP, por sus siglas en inglés), se evaluó en tres personas en estado mínimamente consciente crónico. Es decir, a diferencia del primer caso, estos pacientes sufrieron daños cerebrales meses antes de la intervención, hecho que reducía notablemente la probabilidad de observar una recuperación espontánea paralela al tratamiento.

El dispositivo, del tamaño de un plato de los que acompañan una taza de café, estimuló el tálamo de los participantes, un área cerebral clave para procesar la información que llega al cerebro, de forma no invasiva, a lo largo de dos sesiones. Tras las intervenciones, uno de los pacientes, un hombre de 58 años que sufrió un accidente de coche 5 años y medio antes, no experimentó mejora alguna. No obstante, los otros dos, sí evolucionaron positivamente. El primero, un hombre de 56 años, recuperó, 14 meses después de sufrir un ictus, la capacidad de responder preguntas sobre su vida, así como de usar un bolígrafo o coger una botella de agua para beber de ella. Al cabo de unos meses, sin embargo, el estado neuroconductual del paciente empeoró. El segundo, una mujer de 50 años, en coma durante dos años y medio a causa de un paro cardíaco, fue capaz de reconocer objetos cotidianos, como un peine o un bolígrafo, además de mover la cabeza o los dedos.

El tratamiento parece seguro, pues Monti y su equipo no observaron alteraciones en las constantes vitales de los pacientes, ni la aparición de otros efectos adversos. Aun así, destacan que el método todavía es experimental, por lo que su aplicación en la práctica clínica requerirá más años de investigación. Asimismo, en un futuro, planean estudiar el modo en que la energía acústica del dispositivo modula el tejido cerebral, a fin de entender mejor el proceso de recuperación.

Marta Pulido Salgado

Referencia: «Estimulación talámica ultrasónica en trastornos crónicos de la conciencia.», Por JA Cain et al., En Estimulación cerebral, publicado el 15 de enero de 2021.



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