Un nuevo tipo de «reloj» es capaz de medir la inflamación crónica y predecir el riesgo de sufrir trastornos relacionados con la edad, como las enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas. El reloj mide la edad biológica, que tiene en cuenta el estado de salud y puede ser menor o mayor que la edad cronológica.

El reloj del envejecimiento inflamatorio (iAge), descrito el 12 de julio en Envejecimiento de la naturaleza, es uno de los primeros instrumentos de su clase que utiliza la inflamación para evaluar el estado de salud. Otros relojes de la edad empleaban marcadores epigenéticos, grupos químicos que se incorporan al ADN de la persona a medida que envejece y que se van transmitiendo de unas células a otras con la mitosis. Como la inflamación es tratable, los investigadores que han diseñado el iAge confían en que los médicos puedan utilizarlo para decidir qué pacientes se beneficiarían de un tratamiento, con lo cual podrían extenderse los años de vida con un buen estado de salud.

El estudio «viene a reforzar la noción de que el sistema inmunitario es crucial, no solo para predecir si la salud se deteriorará al envejecer, sino también como mecanismo que causa dicho deterioro», afirma Vishwa Deep Dixit, inmunobiólogo de la Escuela de Medicina de Yale, en New Haven (Connecticut), que no ha participado en el trabajo.

Precisión cronométrica

El iAge se basa en la idea de que, a medida que una persona envejece, el organismo experimenta una inflamación sistémica crónica, porque las células van acumulando daños y emiten moléculas proinflamatorias, lo cual provoca en última instancia el desgaste de los órganos y tejidos. Las personas que tienen un sistema inmunitario sano neutralizan hasta cierto grado esta inflamación, mientras que las demás envejecen más rápido.

Para diseñar el iAge, el biólogo de sistemas David Furman y el angiólogo Nazish Sayed, de la Universidad Stanford, en California, entre otros especialistas, analizaron muestras de sangre de 1001 personas de entre 8 y 96 años de edad, que forman parte del Proyecto 1000 Immunomes, cuyo objetivo es investigar cómo evoluciona la inflamación sistémica crónica con el paso del tiempo. Utilizaron la edad cronológica y la información sobre la salud de los participantes, combinadas con un algoritmo de aprendizaje automático, para detectar los marcadores proteicos de la sangre que evidencian la inflamación sistémica con más claridad. En concreto, localizaron la citocina CXCL9, una proteína inmunoseñalizadora, como uno de los principales contribuyentes. Esta citocina se produce sobre todo en el endotelio (el revestimiento interno de los vasos sanguíneos) y está asociada con el desarrollo de cardiopatías.

Sayed afirma que la CXCL9, como componente esencial del iAge, da renovado crédito al dicho «nuestra edad es la edad de nuestras arterias».

Los investigadores probaron el iAge con la sangre de 19 personas que habían llegado a cumplir 99 años y calcularon su edad biológica. Por término medio, la edad de los centenarios determinada con el iAge era 40 años inferior a su edad real, según una nota de prensa; esto concuerda con la idea de que las personas con un sistema inmunitario más sano tienden a vivir más.

Envejecer bien

Los científicos llevan mucho tiempo explorando el concepto de los relojes biológicos para predecir el estado de salud de una persona. Las investigaciones epigenéticas han dado algunos resultados, pero María Mittelbrunn, bióloga molecular de la Universidad Autónoma de Madrid, puntualiza que medir la edad biológica a partir de las alteraciones epigenéticas en el ADN puede ser complicado. Medir la inflamación con un análisis de sangre sería más fácil, de modo que un instrumento como el iAge resultaría más práctico en el entorno clínico.

Furman espera que el iAge y otros medidores de la edad biológica basados en la inflamación también sirvan para personalizar los tratamientos.

En el estudio de la CXCL9 como biomarcador de la inflamación sistémica, Furman y sus colaboradores cultivaron células endoteliales humanas y las envejecieron artificialmente dejando que se dividieran en ciclos sucesivos. Comprobaron que los niveles elevados de la proteína producían disfunciones en las células, pero cuando silenciaron el gen que codifica la CXCL9, las células recuperaron parte de su funcionalidad. Esta observación permite pensar que los efectos dañinos de la proteína serían reversibles.

Si se detecta pronto, apunta Mittelbrunn, la inflamación es uno de los males que mejor podemos tratar: «Disponemos de un arsenal antiinflamatorio impresionante; es un proceso biológico que conocemos muy bien y sobre el que podemos actuar con facilidad». Por ejemplo, el ácido salicílico (una de las materias primas de la aspirina) se conoce desde hace mucho, y últimamente se han desarrollado inhibidores de la vía de señalización JAK-STAT para trastornos inflamatorios como la artritis reumatoide.

Sayed vislumbra un futuro en el que cualquiera pueda hacerse un análisis de biomarcadores inflamatorios, periódicamente, para conocer su riesgo de sufrir trastornos asociados a la edad: «Si conseguimos controlar mejor el envejecimiento, creo que será posible envejecer mejor».

Max Kozlov /Noticias de la naturaleza

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

Referencia: «Un reloj de envejecimiento inflamatorio (iAge) basado en el aprendizaje profundo rastrea la multimorbilidad, inmunosenescencia, fragilidad y envejecimiento cardiovascular». Nazish Sayed et al. en Nature Aging, vol. 1, págs. 598-615, julio de 2021.



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